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Cuento infantil para leer en el día del agua

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YOYO LA GOTITA DE AGUA

Yoyo era una gotita de agua que había subido del mar en un caluroso día de verano y se sentía feliz de estar en el cielo. Cierto día Dios le dijo – deseo que veas algo- y con ayuda del viento la llevó a la ciudad. Yoyo vio a unas señoras molestas y preocupadas que hacían largas filas con baldes, pocillos, porongos, tinas, jarras y latas. ¡Hoy no podremos cocinar, ni lavar! Dijo una señora. Otra dijo: ¡Mi hijito tiene diarrea! ¿Qué vamos a hacer? ¡No llega el agua!

El viento llevó a Yoyo a otro lugar; donde había un grupo de muchachos alegres que jugaban y se echaban agua unos a otros… ¡Estaban jugando con el agua!. El agua corría y se desperdiciaba por el caño abierto. Entonces, Yoyo dijo muy molesta: si es así, yo no bajo a la tierra.

Después el viento la llevó hacia un lugar muy seco y con mucho sol. A lo lejos vio una pequeña plantita que se marchitaba y se esforzaba por sobrevivir.

Yoyo volvió al cielo y le dijo a Dios: Soy tan pequeña que nada podré hacer, y si bajara ¿cómo llegaría donde me necesitan?... Dios le dijo: “Yo te daré fuerzas para llegar”. Fue entonces que escuchó muchísimas vocecitas que le llamaban ¡Yoyo, Yoyo, ven con nosotras!. Eran cientos, miles, millones de gotitas.

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Pancarta del Día Interamericano del Agua I.E. Micelino Sandoval Torres - Caraz

Yoyo bajó con sus amigas y cayó como lluvia fresca en la sierra, luego bajó por los nevados y llegó al río. Algunas de sus amigas se quedaron en las chacras, otras entraron por unas tuberías y llegaron hasta los caños de la ciudad, y alegraron a las señoras. Otras… ¡Qué pena! llegaron donde los muchachos que dejaron el caño abierto.

Yoyo siguió su camino por el río, luego por acequias, hasta que llegó a la plantita y le dijo: no te mueras, aquí estoy para ayudarte. La plantita le contesto: ¡Gracias, te estaba esperando! y Yoyo se quedo contenta de darle fuerza y vida a la plantita.

La gotita Yoyo, cada vez que subía al cielo, regresaba donde su amiga plantita que con el tiempo creció hasta convertirse en un hermoso árbol que daba sombra y frutos a los viajeros que pasaban por allí.

Gloria Serna, Profesora de Educación Inicial

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